La Duquesa de Sevillano
La Gran Vía se construyó, entre otras cosas, a fuerza de expropiaciones, y una de las expropiadas fue la Duquesa de Sevillano, que tenía un palacio por la zona.
El palacio estaba entre las calles de Caballero de Gracia y San Miguel.
A la duquesa le dio tal disgusto que se fue de España para no volver porque no quería saber nada más del tema, estaba realmente enfadada.
La historia es que la duquesa murió años después fuera de España y tras su muerte, algunos de los vecinos cuentan que han visto el fantasma de una mujer llorando por los alrededores de la Gran Vía.
Hay quien dice que es el fantasma de la Duquesa de Sevillano que llora por el triste destino de su palacio.
Ya, pero también te digo, una duquesa, con mogollón de propiedades, se te muere, y viene a llorarle a uno de los muchos palacios que tendría por aquel entonces, que encima se lo han expropiado.
Además, ¿no dijo que no iba a volver?
Vuelve a la calle Gran Vía y continúa caminando todo recto en dirección sur y encontrarás el rascacielos de Fuencarral. Te recomendamos que cruces la calle para verlo desde la acera de en frente en todo su esplendor.
Racacielos de Fuencarral
Hubo un tiempo que a este edificio se le conoció como “el rascacielos de Fuencarral” y fue el más alto de la España de su época. Lo levantó el arquitecto Ignacio de Cárdenas con un grupo de operarios, porque evidentemente solo no lo iba a poder hacer.
Fue la sede nacional de la compañía telefónica, una de las operadoras más importantes de España, que ahora ha evolucionado a Movistar. Pero lo que nos trae a este lugar no es ni su altura, ni Movistar, ni Ignacio Cárdenas, sino la historia sobre el fantasma de Goyito.
Goyito es un fantasma de un niño que muchos empleados del edificio aseguran haber visto en varias ocasiones a lo largo de los años. Goyito que tiene unos gustos peculiares, tiende a aparecer en la planta 9 y en la 13, porque parece que las otras no le agradan demasiado.
No sabemos quién fue Goyito mientras vivía, pero lo que sí sabemos es que de tonto no tiene un pelo porque menuda residencia espectral se ha elegido.
Pero hay un suceso luctuoso en este edificio que tiene más peso que la historia de nuestro querido Goyito.
Se trata del suicidio de una empleada de telefónica allá por el año 1934, esta persona fue Ana Cubillo que procedía de Bilbao.
Las noticias de por aquel entonces lo relatan como que “a una señora que pasó por allí le salpicó la sangre y un agente de asalto que trató de levantar el cuerpo de la infeliz, desistió porque casi se queda con uno de los brazos de la suicida”.
¡Ole ahí ese periodismo gore de los años 30!
Se dice que se ha visto al fantasma de Ana Cubillo acompañando al solitario Goyito, que, desde entonces, no está tan solo.
Para llegar al siguiente punto, dirígete desde Gran Vía hacia Calle de la Montera, y por esa calle sigue todo recto hasta llegar a Sol.
Una vez aquí vete por la calle de la izquierda llamada Carretera de San Jerónimo hasta la Plaza de las Canalejas y sigue todo recto por la Calle del Príncipe hasta la Plaza de Santa Ana, cruza la plaza y llegarás a la Calle Núñez del Arce, donde encontrarás tu siguiente punto.
Calle de Núñez de Arce
Llegamos a la calle Núñez de Arce dónde tenemos una de las historias de brujas de Madrid, la historia de la bruja de Agorera.
La bruja agorera era una bruja que provenía de Burgos, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Ella hacía brujería en Burgos, pero al final la pillaron y la condenaron, así que fue lista y se fue de Burgos.
La bruja pensó que pasaría desapercibida en una ciudad como Madrid, que aún por aquella época, estaba muy poblada. Montó su propio negocio en esta calle, y dentro de su negocio, ofrecía lecturas de futuro a los madrileños que recurrían a sus servicios.
No os hacéis a la idea de lo bien que le iba cuando se mudó aquí.
Pero un día, fue a verla un franciscano, y le dijo a este señor “tú tienes que tener mucho cuidado, porque mañana cuando vayas a dar la primera misa del día, porque algo te va a pasar”
Al día siguiente, este franciscano fue a dar la misa, cuando estaba preparando la misa con la agonía de lo que le había dicho la agorera. Entró en la Iglesia un demonio con unas alas y unos ojos como si fuera un dibujo japonés.
El demonio comenzó a volar de lámpara en lámpara, y el pobre franciscano se pegó un susto tan tremendo que el pobre se desmayó.
Claro, como él era religioso, se lo tenía que contar a sus superiores, y tuvo que decir que había ido a ver a la Agorera.
La inquisición fue a buscar a la bruja, se personó en esta calle, cogieron a la bruja y se la llevaron para hacerla un juicio.
Claro, las declaraciones de la Agorera son para partirse de risa, porque para hacer realidad lo que le había dicho, esta bruja soltó un búho por la iglesia y fue lo que hizo desmayarse al cura.
Aun de estas declaraciones, la bruja no se libró del cruel destino, la encarcelaron y al día siguiente la ahorcaron.
Pero, para más movida aún, la lanzaron piedras, una vez ahorcada, no vaya a ser que le quedara algún último respiro.
Esta calle en su momento se llamó la Calle de la Agorera, después pasó a llamarse la calle de la Gorguera, que eran esos cuellos blancos ondulados que se llevaban antes como Cervantes.
Ahora se llama la calle de Gaspar Núñez de Arce, que era un poeta que murió en 1903.
Ahora te vas a girar en dirección Plaza del ángel, todo recto, sin pérdida, y seguirás todo recto por la calle de San Sebastián, y cuando llegues al final, a la derecha, te toparás con la parroquia de San Sebastián, tu siguiente historia turbia.
Parroquia de San Sebastián
Lo que tenemos aquí detrás, entre la calle Huertas y la calle Atocha, es el cementerio de los cómicos, que se encuentra dentro de la parroquia de San Sebastián.
Justo detrás de esta Iglesia estuvo enterrado Lope de Vega y digo “estuvo”, sí, porque alguien no pagó lo que tenía que pagar, lo sacaron y ahora está con el pueblo.
El escritor José Cadalso, de la época de Carlos III, resulta que estaba enamorado de una chica que se llamaba María Ignacia Ibáñez, que la llamaban “la divina”, ¿y por qué? Esta mujer era actriz, pero aparte, se decía que era divina en sus cositas más ocultas y personales. Ahí lo dejamos. Ella estaba enamorada de José Cadalso, pero la pobrecita a los 25 años murió de tifus.
Pero, ¿qué pasó con José? El pobre se volvió loco porque estaba roto de dolor y lo pasó fatal.
Entonces, intentó entrar en la iglesia para desenterrar a la divina, y para ello sobornó a un sacerdote con dinero, pero este sacerdote no quiso.
Cuentan la leyenda que incluso Jose trató de desenterrarla con sus propias manos. Claro, se armó tanto alboroto en la calle, y hubo tantos gritos que tuvo que venir su amigo, el Conde de Aranda, a pararle los pies. Así que José de Cadalso asumió que no había conseguido su objetivo, y decidió escribir un libro llamado “noches lúgubres” donde cuenta un poco lo que vivió.
Este libro está dividido en tres partes:
- Primera parte: en la que el sepulturero no deja al protagonista ir a la tumba de su amada, para sacarla, velar sus restos y/o quedarse con ellos.
- Segunda parte: aparece un hombre muerto y le echan la culpa al protagonista porque sigue sin poder ir a la sepultura de su amada.
- Tercera parte: consigue llegar a la tumba de su amada, convencer a todo el mundo, y al final, desentierra a la pobre mujer.
Tu siguiente parada se encuentra siguiendo la calle de Atocha, todo recto, hasta llegar a la Plaza de Jacinto Benavente. Para ubicarte, tendrás que dejar de espaldas la parroquia de San Sebastián e ir hacia la derecha, todo recto.
Los Serenos
No podemos seguir recorriendo la noche de Madrid sin hablar de “los serenos”, eran unos señores que gritaban por la noche a las doce en punto “son las doce en punto y sereeeeeenooo”.
De esa costumbre, le viene un poco la condición meteorológica porque muchas de las noches de Madrid suelen ser lluviosas y de nevadas, pero en general, el tiempo en Madrid es sereno.
Los serenos procedían de Asturias, más concretamente de la cuenca del río Narcea, y tenían siempre unas calles y un barrio asignado.
Estos serenos no pertenecían al cuerpo de la policía municipal, pero sí que colaboraban con ellos para mantener el orden nocturno en las calles de esta gran ciudad.
En 1974 fue la fecha en la que se les incorporó a la plantilla de la policía municipal y desempeñaron las mismas funciones.
Sus principales funciones eran: cantar la hora, cantar el temporal, mantener el orden nocturno, acompañar a la gente que llegaba tarde a casa, o acompañar a tu vecino a cambio de una propinica.
Porque antes de incorporarse a la policía, no tenían sueldo estable.
Ahora vas a ir hacia la Iglesia de Santa Cruz, sal otra vez a la calle por la que viniste, y tienes que subir hacia la derecha, dejando de espaldas la plaza de Jacinto Benavente. A unos pocos metros, en la acera de enfrente, la encontrarás.
Iglesia de Santa Cruz
Este edificio es la Iglesia de Santa Cruz, qué ojo, no es la iglesia original, ya que esta se construyó cuando se derribó el antiguo convento que había entonces, llamado el convento de Santo Tomás de Aquino.
Pero, ¿por qué se derribó este convento? Porque decían que estaba maldito.
Cuando construyeron este convento, poco después se quemó de repente, y se desconocen un poco cómo fue. Y esto no ha hecho nada más que empezar.
Una vez que se hizo la reconstrucción del mismo, la cúpula del convento se cayó, con tan mala suerte de que debajo había unas 80 personas, que murieron aplastadas.
Treinta años más tarde, la cúpula vuelve a tener destrozos, aunque no tan grandes como la primera vez, por lo que tuvieron que volver a reconstruirla.
En el siglo XIX, hubo una revuelta popular en Madrid, y lo que pasó es que lograron entrar en el convento y asesinaron a los frailes que vivían en él.
Pero la historia sigue, años más tarde se quema la iglesia que había dentro del convento y fue un incendio muy grande, las llamas se veían desde todo Madrid.
También hubo unos religiosos en su interior que tuvieron la mala suerte de que murieron quemados por el fuego.
Entonces comenzaron a pensar que algo tenían que hacer con ese convento porque tenía muy mala suerte y era mal fario para los madrileños.
Se sacaron dos conclusiones, o que era una iglesia con muy mala suerte o que los cimientos no estaban muy bien realizados.
Muchas personas se inclinan más por la de que era un convento maldito, porque pasaron más cosas todavía.
En plena fase de demolición, se cayó una bóveda y aplastó a 8 personas que estaban trabajando en el proceso, y cuatro más quedaron sepultados.
Ahora lo que no sabemos es si era el convento el que tenía mal fario o era el propio solar, el propio terreno.
Después de esta historia tan tétrica vas a seguir por esta misma calle y a girar a la izquierda, para encontrarte con el Ministerio de Asuntos Exteriores, situado en la plaza de la Provincia.
Ministerio de Asuntos Exteriores
Este es el Ministerio de Asuntos Exteriores.
A Felipe IV le dio por construir este pedazo de edificio para que sirviera de cárcel de la villa y corte.
Hasta el siglo XIX, los carceleros hacían horas extra a tutiplen, ponían un cartel en la puerta, en el que se leía “no molestar, estamos torturando”.
Cuando Felipe V decidió convertir la cárcel en el Palacio de Santa Cruz, empezó la leyenda negra, que si se escuchaban gritos, por un lado, por otro, el crujir de las cadenas, ...
Lo justo para que muchos de los madrileños asegurasen que el edificio estaba encantado y no de conocerse precisamente.
Desde el Ministerio llegaremos muy fácil a la Plaza Mayor de Madrid, vas a atravesar la Plaza de la Provincia que queda justo en frente, sigue por la calle Gerona y entra en la Plaza Mayor hasta llegar a la estatua ecuestre.
Plaza Mayor y el cementerio de los pájaros
La plaza Mayor es un lugar muy frecuentado a día de hoy, bonito, luminoso, e incluso donde se ponen algunos mercados como el navideño.
Pero muy pocos de los que la visitan conocen su historia turbulenta. Ya que durante los siglos XII, XIII y XIX fueron ejecutados en la Plaza Mayor unos 359 condenados por la Inquisición.
Es en este lugar donde se encontraba la horca en los inicios, aunque luego se puso más de moda el garrote vil, que era un instrumento de tortura que partía el cuello con un tornillo a los condenados a muerte y que fue sustituido por la horca porque decían que esta última era inhumana.
Curiosamente, la pena de muerte siguió hasta que se aprobó la Constitución, donde se abolió, en el año 1978, bastante más cerquita de lo que pensamos.
Otra anécdota dentro de la Plaza Mayor, se la atribuimos a la estatua de Felipe III. Ahora mismo, si nos acercamos, veremos que el caballo tiene la boca cerrada, y antes estaba abierta, tenía un hueco al que nadie le daba importancia. No fue hasta el siglo XX, un poquito antes de la Guerra Civil, alguien introdujo por la boca del caballo una bomba, esta bomba explotó y la estatua salió volando en mil pedazos.
Junto con los trozos de la estatua, por el aire salieron volando también miles de huesecillos y es que, a lo largo de los años, se habían ido colando pajarillos, gorriones, concretamente, no habían podido salir y se quedaron atrapados en el vientre del caballo.
En la posterior reconstrucción de la estatua, como puede ver, el caballo ya tiene la boca cerrada, y gracias a esto ya no entra ningún tipo de animal.
Continúa el paseo nocturno por la salida de la esquina derecha, o por la calle Ciudad Rodrigo dirección Mercado de San Miguel, pero párate en el número 5 a la izquierda, en el Bar Valle del Tiétar.
Antiguo Bar Valle del Tiétar
Este bar y restaurante llamado Valle del Tiétar en el siglo XIX, especialmente, estaba muy frecuentado por asesinos a sueldo. Estos asesinos era gente que estaba aquí casualmente tomándose un vino, pero podía venir alguien que quisiera hacer un ajuste de cuentas a este bar, y contratar a un asesino a sueldo para quitarse de encima a su enemigo.
Para ellos, estos bares y sobre todo, las cuevas que comunicaban eran muy importantes porque era muy útil poder escapar por ellas y salir por otro bar distinto para escaparse de la policía.
A día de hoy, en algún restaurante se siguen manteniendo las cuevas, pero no las muestran de cara al público.
Dirígete hacia la Plaza de San Miguel y rodea el mercado, hacia la calle del Conde Miranda, gira en la primera calle a la derecha, que se corresponde con la plaza del Conde Miranda, y en frente tendrán el Convento de las Carboneras.
La leyenda de las Biblias Milagrosas
Te encuentras en la plaza del Conde Miranda, donde aparentemente no hay nada extraño más allá de un ambiente lúgubre por ser de noche, pero después de esta historia vas a querer salir despavorido, pero el siguiente punto también se encuentra en esta zona, por lo que vamos a poner a prueba tu valentía.
La historia se remonta al siglo XIX, donde había una mujer que pertenecía al vecindario de esta pequeña plaza, y tenía una afición muy curiosa, vendía biblias, pero no una biblia cualquiera, sino una biblia con un tacto y aura diferentes, además de tener un alto precio que no todo el mundo se podía permitir.
Para tu sorpresa a esta mujer la acusaron de vender estas biblias, pero ¿por qué? Resulta que las tapas de las biblias que vendía, estaban hechas de piel de niños muertos que ella robaba en los cementerios, los desollaba y le daba esa propiedad distintiva a la biblia.
Esta mujer las vendía como biblias milagrosas y decía que si rezabas con ella entre las manos, se cumplirían tus deseos.
Y este hecho ocurrió en la plaza del Conde Miranda, donde la mujer era una vecina más.
Vas a avanzar hasta el convento de las Carboneras, el edificio de fachada roja que tenemos al final de la calle, ponte de frente a él para escuchar sus misterios.
Convento de las Jerónimas
Este edificio es el Convento de las Jerónimas del Corpus Christi, aquí dentro hay una leyenda que os va a dejar tiesos.
El convento fue fundado por la Condesa de Castellar, en la época de Felipe IV, y aquí dentro se venera una imagen de la Inmaculada que parece ser que apareció en una carbonera.
En el brainstorming de cómo querían llamarse estas monjas, una dijo “las castellanas” y otra propuso que se llamaran “las carboneras”, precisamente por ese cuadro.
Cuenta la leyenda, que cuando la fundadora murió, venía todas las noches para rezar el Rosario con sus compañeras.
A día de hoy, parece que la monja ya no ha venido por aquí, pero a cambio, existe un misterio que aún no hemos descubierto, y es el secreto que tienen las monjas para hacer dulces, porque les salen riquísimos siempre.
Leyenda de la mano cortada
Aquí, en el palacio de Cañete, en la Calle Mayor número 69, existe una de las historias más terroríficas de toda la ciudad de Madrid.
Por el año 1600 y muchos, allá por el Madrid de los Austrias, andaba por estas calles el Marqués de Cañete, cuando de repente alguien lo ensartó con una espada.
La justicia, que por aquel entonces no se hacía muchas preguntas, se preguntó simplemente “¿con quién ha estado esta tarde?” y había estado con un clérigo llamado Antonio Amado.
Total que Antonio Amado se llevó el marrón, le metieron en la cárcel y condenado a la horca.
Por aquel entonces había una costumbre que era cortarles las manos a los asesinos, y ensartarlas en una puerta, para que así, el próximo que lo intentara, se lo pensase dos veces.
¿Qué pasó a partir de ahí? Pues un montón de cosas muy misteriosas y muy terroríficas, como sonidos de cadenas, ruidos de puertas, gritos de dolor en la noche, y apariciones.
Antonio Amado se le aparecía a todo el que quería ver diciendo “vengo del purgatorio, no me gusta nada y me paso para dar un susto”.
Pero en uno de esos intentos de susto, cuando desaparecía, apareció el propio marqués en persona, diciendo que estaba disgustado porque no habían encontrado a su asesino, vamos que se habían equivocado con el pobre Antonio Amado.
El pobre tenía un enfado tremendo y eso hizo que volviera del más allá para expresar su disgusto, con el fin de que buscaran a su asesino.
Como no dan con el asesino, estos fantasmas siguen apareciéndose hasta que un día, un sirviente confiesa en su lecho de muerte, que había sido él el que lo había matado.
¿Por qué? Porque estaba tirándole los tejos a su mujer y el sirviente estaba muy celoso con la situación.
El sirviente pensaba que si lo contaba, no solo no le iban a hacer caso, sino que le iban a meter a él en la cárcel y optó por la vía rápida.
Vuelve a cruzar la calle Mayor y dirígete hacia la calle de Traviesa, camina por ella para escuchar el siguiente punto escalofriante.
El guardia de Corps
En esta calle de Sacramento ocurrió una historia muy grotesca.
Juan de Echenique, un oficial de la Guardia de Corps, vivía haciendo honor a su nombre, era un auténtico Don Juan.
Cuentan que el oficial venía caminando por la calle cuando una hermosa morena se asomó por una ventana y le invitó a subir... para tomar Colacao, sería.
Nuestro Don Juan de Echenique, por supuesto, que subió, como para andar, haciéndole ascos a una propuesta así.
A este señor lo esperaban en el palacio real porque esa noche tenía mucho trabajo que hacer.
Después de pasar un rato en la alcoba con la hermosa morena, se vistió a lo loco y salió corriendo.
Cuando estaba a punto de fichar su turno, se dio cuenta de que se había dejado el espadín en casa de la morena.
Así que salió escopetado y rapidísimo a la casa de la morena a recuperar su herramienta de trabajo.
Y ahora viene el momento chungo, porque el edificio en el que acababa de yacer, estaba en ruinas.
“Perdone usted, señor vecino, donde está la morena de esta casa, que me tiene preocupao y ahora estoy aquí intentando volver. No me diga que está muerta…” y el vecino le respondió que sí.
Juan tiró la puerta abajo, con el pretexto de que era soldado, subió escaleras arriba, y allí se encontró su sable lleno de telarañas.
Salió corriendo buscando la iglesia más cercana, y dejó su sable a los pies del Cristo y se puso a rezar sin parar.
Convencido de que toda esta historia había sido cosa de un castigo divino, finalmente acabó por ingresar en un convento.
Nos vamos a volver a encontrar cerca del viaducto de Segovia, para ello tienes que girar a la derecha según acabes esta hilera de edificios, y saldrás a una pequeña plaza que da a la Calle Mayor, gira a la izquierda hasta llegar a calle Bailén y vuelve a girar a la izquierda, en sentido contrario a la Catedral de la Almudena.
En vez de seguir por encima del viaducto baja por uno de los laterales y llegarás al siguiente punto.
La mujer que levitó
Esto que tenemos encima es a lo que llamamos el viaducto y que, como todos sabemos, se usa de puente para cruzar de un lado a otro, este en concreto es el viaducto de Segovia.
Te hemos parado aquí, a los pies del viaducto, donde se encuentra la fuente de los caños viajes para contarte una historia de amor un poco fantasiosa.
Hay una anécdota de una joven a la cual su familia no la deja casarse con el amor de su vida, ella, desesperada, viene al viaducto y se tira.
Sorprendentemente, la historia acaba bien, porque de todas las faldas y enaguas que llevaba, permitieron que bajara como si llevara un paracaídas y se posa en el suelo como si nada hubiera pasado.
Nos imaginamos que se acabó casando con el amor de su vida, ya que este suceso fue una gran impresión para su familia.
Esta mujer al final murió en un parto porque tuvo 14 hijos y en el último parto, murió.
Para llegar al siguiente punto, vuélvete a incorporar a la calle de Segovia, pasa por debajo del viaducto, deja a la izquierda el parque infantil y en la siguiente callecita, verás una fuente. Allí te esperamos para contarte la penúltima historia de este tour.
La Panderetera
Catalina González era una mujer guapa, una mujer curvilínea, una mujer muy alegre, y era conocida en toda la ciudad como la Panderetera.
Vivía en una casa cerca de la Calle Segovia y dicen que todos los días asomaba su cara por la ventana para que vieran lo guapísima que era.
Se cuenta que los hombres hacían cola para ver a la panderetera, y desde entonces a los hombres amigos de los balcones se les llama “pandereteros”,
Un día, Catalina dejó de enseñar su bonita cara porque le dio por morirse.
No se sabe cómo murió, pero todo apuntaba a un grupo de mujeres despechadas de los pandereteros.
Algunos pandereteros fueron a casa de la panderetera para ver qué había ocurrido y de todos los hombres que entraron, ninguno volvió a salir.
O a lo mejor hubo alguno que salió por la puerta de atrás, aunque no nos conste.
Dicen que todavía el fantasma de la panderetera se asoma por la ventana y toca la pandereta.
Después de observar estas escaleras tan misteriosas, vamos a subir por ellas para salir de nuevo a la superficie por encima del viaducto, hacia Calle de Beatriz Galindo. Cruzamos esa calle y atravesamos una pequeña parte del Jardín de las Vistillas hacia Calle de la Morería para girar a la derecha, giramos la esquina a la izquierda por Calle Don Pedro y de ahí seguimos hasta llegar a la Calle Bailén.
Vamos todo recto y cruzarás 2 pasos de peatones, cambias de acera por el tercer paso de peatones. Sigue todo recto y a la derecha, estará tu última parada, en Carrera de San Francisco, 6.
La beata Clara
A finales del siglo XIX, esta casa que tenemos aquí estaba más visitada que el Primark de la Gran Vía.
La razón es que en esta calle vivía una mujer a la que unos pedían salud, otros pedían dinero y algunos, incluso, consejos políticos.
A esta mujer se la conocía como Beata Clara, aunque luego se demostró que de beata tenía más bien poquito.
Durante 4 años, esta beata fue trending topic, era lo más popular y conocido de la historia madrileña, tanto, que estaba incluida la Corte.
Lo mismo te aclaraba un asunto de Estado que te recetaba una hierba para un mal de amores.
Durante años, la beata se hizo pasar por una paralítica que había sido tocada por el halo divino y por el don de los milagros, claro los madrileños se lo tragaron.
La que no se lo creyó fue la típica criada a la que acabas de despedir, que como por aquel entonces no había sálvame deluxe, fue directamente a las oficinas de la Inquisición a contarlo todo.
Esta criada se fue de la lengua de más, el Santo Oficio intervino para llevarse a nuestra beata protagonista y la metieron en la cárcel.
La detención coincidió con un terremoto que se produjo en Madrid. Como los madrileños quisieron seguir creyendo en milagros, ataron cabos y pensaron que todo aquello, era un castigo divino por todo lo que le estaban haciendo a la beata.
Pero ya sabemos que los terremotos son cosa de las placas tectónicas y la ciencia lo explica muy bien.
Querido explorador del Madrid, ha sido un placer acompañarte en este fascinante viaje a través de los rincones más turbios de la historia de la ciudad, peeeero hemos llegado al final del tour.
Si te has quedado con ganas de más, la app de Your Best Local Guide tiene más tours por Madrid como el Madrid Ilustrado o Madrid Centro, donde descubrirás más secretos de Madrid.
Agradecemos tu curiosidad y valentía para adentrarte en este Madrid nocturno. Espero que hayas disfrutado de esta experiencia única tanto como nosotros disfrutamos guiándote a través de ella. Que las leyendas perduren en tu memoria, y que el encanto oculto de Madrid siga inspirando sus propias historias.
¡Hasta la próxima!